¿Perfección o excelencia? ¡Qué confusión!

Aprendí a ser la niña perfecta. La hija perfecta. La amiga perfecta. La mujer perfecta.

O sea, la superwoman.

Una perfección ficticia.

  • Siempre basada en estándares externos, que no nacían de mis destrezas.

  • Estándares construidos para cubrir las necesidades del otro, sin tener en cuenta las mías.

  • Estándares donde me diluía en la competitividad, hasta desaparecer en la nada.

Vacía. Cansada. Frustrada. Capada.

Literalmente, despojada de mi valor.

Un día descubrí algo distinto.

Existían otros estándares. Los de la excelencia.

En ellos no perdía mi valor. Lo recuperaba.

La excelencia no compite. La excelencia es ser.

No tienes que demostrar nada. Sencillamente haces lo que haces desde tu ser, de la mejor manera que sabes en ese momento.

Eres excelencia en acción. Y eso te hace único.

Por cierto… ¿sabes qué significa excelencia?

Excelencia es la capacidad o habilidad fuera de lo común y difícil de igualar.

Todos somos excelentes.

Lo que tú haces es único, porque no hay otra persona que pueda hacerlo exactamente igual que tú.

Y ese es tu valor.

La diversidad y la excelencia nos expanden hacia una vida mejor.

Hoy jugamos a estar presentes al hacer las cosas.

Haz lo que hagas, hazlo lo mejor que puedas.

Con alegría. Sin juicio.

Y celebra que lo has hecho.

¿Y tú? ¿Juegas conmigo?

Y si se hace desde el juego y la diversión, la victoria está servida.

He preparado un post en Instagram para abrir la conversación. Te invito a compartir allí tu opinión, tu experiencia o tu visión. Porque cuando reflexionamos juntos, el camino hacia el bienestar se hace más ligero y luminoso.

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