¿Por qué hay resistencias al cambio?
De niños nos entusiasma probar cosas nuevas. Abrirnos a lo desconocido era abrirnos a la magia, a la aventura, al juego. La curiosidad nos guiaba y la intuición nos decía con facilidad si algo nos gustaba o no.
Sin embargo, con el tiempo, algo cambia.
La sociedad en la que vivimos nos va adaptando poco a poco a la rutina: diaria, semanal, mensual, anual… Y sin darnos cuenta, empezamos a repetir los mismos rituales una y otra vez, incluso cuando sentimos que ya no nos divierten, que no nos llenan, que no nos hacen sentir vivos.
Entonces aparece la resistencia.
Nos cuesta cambiar porque, en algún lugar profundo, vive una creencia silenciosa: “Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.” Y así, sin cuestionarlo, nos quedamos en una zona que llamamos comodidad, sin embargo que muchas veces es solo una forma de estancamiento.
Nos acostumbramos.
Nos adaptamos.
Nos conformamos.
Y olvidamos que cada cambio es, en realidad, una puerta hacia algo nuevo.
Cambiar siempre implica una toma de conciencia: descubrir que existen otras posibilidades, otras formas de vivir, de sentir, de ser. Y muchas de ellas pueden acercarnos más a la felicidad.
Más felicidad = más armonía = más vida.
Hoy jugamos a algo sencillo:
Observa los momentos del día en los que te sientes realmente feliz.
Al final del día, revísalos con calma y pregúntate cuánta felicidad hay ya en tu vida.
¿Juegas conmigo?
Y si se hace desde el juego y la diversión, la victoria está servida.
Te invito a compartir en nuestro post de Instagram el juego que más te ha inspirado este mes. Porque cuando reflexionamos juntas, el camino hacia el bienestar se vuelve más ligero, más colorido y más vivo.
