Hay conversaciones que no ocurren.

No porque no existan.
Sino porque las evitamos.

Se quedan en la garganta.
En el pecho.
En ese momento exacto en el que sabes lo que quieres decir… y no lo dices.

Yo lo sabía.

Había aprendido a medir cada palabra.
A suavizar cada frase.
A callar justo antes de incomodar.

—No es el momento.
—No merece la pena.
—Mejor así.

Y así… fue pasando la vida.

Conversaciones pendientes con mi madre.
Con mi pareja.
Con mis amigos.
Conmigo misma.

Pequeños silencios que parecían inofensivos.
Sin embargo, con el tiempo, empezaron a pesar.

Porque lo que no se dice… no desaparece.

Se acumula.

Se convierte en distancia.
En malestar.
En una sensación difícil de explicar: estar y no estar.

Hasta que un día ocurrió algo distinto.

No fue una gran discusión.
No fue un momento dramático.

Fue algo más sutil.

Alguien me preguntó:

—¿Qué quieres tú?

Y por primera vez… no tuve respuesta.

No porque no supiera.
Sino porque llevaba tanto tiempo sin decirlo… que había dejado de escucharlo.

Ese fue el momento.

No cuando hable.
Sino cuando me di cuenta de que ya no sabía qué decir.

Ahí entendi algo:

No estaba evitando conversaciones con otros.

Estaba evitando la conversación más importante.

La mía propia.

Decir la verdad no siempre cambia lo de fuera.

Sin embargo siempre cambia algo dentro.

Y a veces eso es todo.

Hoy no vas a hablar con nadie.

Vas a empezar por algo más incómodo: escucharte.

  1. Escribe una conversación que estés evitando.
    Da igual con quién. No la filtres.

  2. Escríbela completa.
    Como si realmente estuviera ocurriendo.

  3. Léela en voz alta.

  4. Observa tu cuerpo:

    • ¿Dónde se tensa?

    • ¿Dónde dudas?

    • ¿Dónde te suavizas?

No tienes que enviarla.
No tienes que actuar aún.

Solo necesitas hacer visible lo que ya existe.

Porque cuando lo nombras… deja de controlarte desde la sombra.

Las conversaciones que evitasno se quedan en pausa.

Se quedan dentro.

Y desde ahí… siguen hablando por ti.

¿Juegas conmigo?

Y si se hace desde el juego y la diversión, la victoria está servida.

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